BIENVENIDA - WELCOME

Hola, bienvenid@ a mi blog. Aquí encontrarás algunos datos sobre mi trayectoria, mis libros, algunos poemas, crónicas, relatos, reseñas, entrevistas, fotografías, vídeos y también enlaces a algunas páginas donde han publicado mis poemas. Disfruta del recorrido y gracias por acompañarme.

Hello, welcome to my blog. Here you'll find some details about my books, some poems, short articles, short stories, reviews, interviews, photographs, videos and also links to some pages where my poems have been published. Enjoy the ride and thanks for sharing this space with me. (Please note that in the different pages I have stuff in Spanish and English. You can also check out the "Entries in English").

Silvia Cuevas-Morales

miércoles, 24 de junio de 2015

NOCHE DE SAN JUAN - 24 DE JUNIO DE 1975

Hace cuarenta años que salí de Chile y para conmemorar esa fecha dejo este poema inspirado en la Noche de San Juan y al final dejo un vídeo de un poema que fue musicalizado hace muchos años por el grupo de música andina -Haravicu.




24 de junio de 1975

Un 24 de junio
no encendí ninguna hoguera.
Hombres uniformados
ya se habían encargado
de alimentar el fuego con libros,
de atizarlo con odio.

No salté por las llamas,
sobrevolé las nubes,
me despedí de la cordillera,
rumbo a un nuevo hogar.

No me sumergí en las olas,
ya sobraban cuerpos flotando
en las sucias aguas de un río,
cuyo nombre,

prefiero omitir.

No me lavé las lágrimas del rostro,
ni quise mirarme en un espejo,
ni escribir promesas en un tronco,
me marché para no regresar jamás.

Un 24 de junio
mi padre se sumió en las cenizas
de un ayer que nunca pudo  recuperar.
Mi madre dejó de hilvanar sueños,
y se rindió al cáncer,
sin poder luchar hasta el final.

Y yo sigo cruzando fronteras,
y garabateando versos,
en busca de la magia,
que exorcice ese pasado
que siempre me acompañará.

Silvia Cuevas-Morales



domingo, 10 de mayo de 2015

UN POETA POR ESTACIÓN - ALHAMA DE MURCIA Y AMOR SE ESCRIBE SIN SANGRE


Gracias a la generosa invitación de Helena Paso Real, el próximo 16 de mayo ofreceré un recital de mi poesía en el Museo Arqueológico Los Baños, de Alhama de Murcia, dentro del ciclo "Un poeta por estación". Compartiré recital con la poeta y narradora chilena, Ana Rosa Bustamante, autora de “Nuestra piel ancha de fuego”, 2007, “Vita clamavi”, 2009, “Reincidencias”, 2011, y La nieta de Wong, 2012. 
El recital comenzará a las 20:30 horas.



 
Y el domingo 24 de mayo, a partir de las 20:00 horas, la editorial Lastura presentará la antología Amor se escribe sin sangre,  en la Feria del Libro de Fuenlabrada. El acto contará con la participación de su editora, Lidia López Miguel, la prologuista M Carmen Fabre, la cantante Mariana Díaz y las poetas: Isabel Miguel, Carmen Jiménez, Ana Montojo, Tulia Guisado, Iria F. Silva y yo.

martes, 24 de marzo de 2015

PIENSO, LUEGO ESTORBO... & AMOR SE ESCRIBE SIN SANGRE

Querid@ visitante a mi blog, por diversas razones, hace muchos meses que no lo he actualizado pero espero volver a hacerlo con más regularidad. 

Por hoy dejo dos de las novedades más importantes de los últimos meses, y en las diversas páginas del menú también he añadido nuevos vídeos de recitales, entrevistas y presentaciones, así como algunos poemas que han sido traducidos a otras lenguas. 

Una de las novedades de estos últimos meses fue la presentación y edición de un poemario bilingüe publicado en Francia - Pienso, luego estorbo... / Je pense, donc je gȇne... (ABC'Editions, 2014).




La otra publicación de la que me siento muy orgullosa es la reciente aparición de una antología poética contra la violencia machista que tuve el honor de coordinar, titulada Amor se escribe sin sangre, editada por el joven sello editorial, LASTURA, en la que participan 23 poetas que residen en España: 
Mayte Albores, María D. Almeyda, Luisa Antolín Villota, Carmen Ruth Boillos, Laura Caro Pardo, Luz Cassino, Iria F. Silva, Ángeles Fernangómez, María García Zambrano, Tulia Guisado, Carmen Jiménez, Lidia Li, Carmen Maroto, Ana Belén Martín Vázquez, Isabel Miguel, Ana Montojo, Marisa de la Peña, Rosa Silverio, Puri Teruel Robledillo, Montserrat Villar González, Ana Vivero Megías, Graciela Zárate Carrió y servidora. 
El libro cuenta además con un magnífico prólogo de la escritora Carmen Fabre.

Para más información no dudes en entrar en este enlace: Amor se escribe sin sangre - Lastura

A continuación dejo un vídeo de uno de los poemas de Pienso luego estorbo en su versión en castellano.

Y Aquí dejo dos vídeos, cortesía La M-Radio de la primera presentación de Amor se escribe sin sangre, celebrada el 14 de marzo de 2015.





Tengo muchas más cosas que contar pero poco a poco. Hasta pronto y gracias por tu visita.

miércoles, 4 de junio de 2014

POEMA "ALZHEIMER" - EN LA REVISTA ÁLORA

Hace muchos días que no actualizo mi blog así que hoy paso a dejar un poema que ha sido recientemente publicado en la revista literaria española "Álora, la bien cercada"que lleva casi 25 años de trayectoria. El número 30, es además un número especial, dedicado a mujeres poetas., y en el que participan numerosas autoras de diferentes procedencias.



Alzheimer

Busco en la oscuridad de mi armario interno.
Saco trastos inútiles, juguetes rotos,
fotos desvaídas, direcciones que ya no existen,
canciones que ya ni siquiera me gustan,
nombres de gente que ya no frecuento.

Ansiosa escarbo mi cerebro:
Poemas, libros, fechas,
adioses, encuentros,
pérdidas, amores pasajeros,
aeropuertos, funerales, visados,
vallas, montañas, bombardeos,
números, candados, lágrimas en vano,
decepciones, miedos, sueños,
cartas amarillentas, flores secas,
aromas lejanos, sonidos añorados.

Pero no logro saber quién soy,
ni cómo me llamo, ni de dónde vengo.

Silvia Cuevas-Morales
Revista Álora, la bien cercada. Nº 30 – Mujeres poetas. Editada por el Ayuntamiento de Álora, Málaga. Diciembre de 2013.

lunes, 7 de abril de 2014

UN VIAJE DE PESADILLA PARA LOGRAR UN SUEÑO

Hola, hoy traigo este relato breve que resultó finalista en el V PREMIO INTERNACIONAL DE RELATOS MUJERES VIAJERAS 2013 y que fue publicado en la antología del mismo nombre, por Casiopea Ediciones, Madrid, 2013.


Un viaje de pesadilla para lograr un sueño

Martina ya llevaba tres días en Puno y se sentía ansiosa por continuar su viaje. Debido a una huelga inesperada, no había medios de transporte disponibles para salir de la ciudad y llegar a Cuzco, donde pensaba quedarse unos días para lograr su meta, su añorado sueño - visitar la antigua ciudad incaica de Machu Picchu.

Al comienzo el tener que alargar su estancia no le importó demasiado porque le daba tiempo para ir adaptándose a la altura, ya que Puno es la quinta ciudad más alta del mundo. Tenía previsto pasar una noche pero al enterarse de la huelga habló con la recepcionista y ésta le dijo que tenía una amiga que podía llevarla al Lago Titicaca. Martina no dudó y pasó un hermoso día en el lago. Viajó en una barquita de totora y tuvo la oportunidad de visitar una de las islas flotantes de los Uros.

Al día siguiente seguía la huelga y Martina indagó sobre cómo salir de Puno pero seguía sin haber alternativas. En el hotel le advirtieron que no viajara en los autobuses “pirata”, que eran baratos y que operaban de noche para evitar controles. Martina decidió esperar otro día y logró hacer un tour a Sillustani, un cementerio donde quedó fascinada por las tumbas de la cultura Kolla.

Otro día y Martina tomó una decisión. Había viajado a Puno para llegar a Macchu Picchu y nada le iba a hacer desistir de su sueño. Preparó la mochila y preguntó dónde se tomaban esos autobouses “piratas”. Al anocher, ilusionada, se subió a un destartalado autobús que la llevaría a Cuzco. Buscó su asiento y acomodó la mochila lo mejor que pudo entre sus piernas. No había sitio para dejar maletas ni bolsos. El autobús fue llenándose rápidamente de gente y de bultos enormes, niños pequeños, algunas gallinas, un bebe que lloraba. Un joven indígena se sentó a su lado sin mirarla. Martina se percató de que sólo viajaban dos personas “blancas”, ella y otro joven. El autobús se mecía y se escuchaban pisadas en el techo, era evidente que arriba estaban cargando muchas cosas. Todos los asientos iban ocupados, incluso el pasillo. No cabía un alfiler y las ventanas se empañaban con el calor humano.

Tras una eternidad el autocar por fin se puso en marcha. Ya era de noche y al salir de Puno la carretera se convirtió en un camino de pedruscos y tierra. No habían señales ni luces y el autobús avanzaba en la más profunda oscuridad. Sólo se veía el camino cuando otro vehículo venía en la dirección contraria y alumbraba con sus focos. Martina vio que era un camino angostísimo y al limpiar el vaho de la ventana vio aterrada que circulaban al borde de un precipicio.

Alrededor de las tres de la madrugada una niña de unos cuatro años, salió de la nada y se paró delante del autobús, obligando al chofer a pisar el freno con fuerza. La pequeñita aporreaba la puerta pero el chofer se negaba a abrirla. Al no comprender qué sucedía le preguntó al joven. Éste le dijo, con un español enrevesado, que no podían fiarse de la niña. Que podía ser una trampa de bandoleros para hacerse con las mercancías que llevaba la gente o podía tratarse de Sendero Luminoso.

Para alivio de Martina, el chofer continuó, dejando atrás a la niña que pronto fue tragada por la oscuridad. Una hora despúes, se detuvieron abruptamente. Martina intentó preguntarle al chico qué pasaba pero éste dormía. Luego comenzaron a moverse y Martina vio aterrada como se metían en un río. No tenía mucha corriente pero las piedras y el agua hacían que el autobús se meciera violentamente. El chico se despertó con el fuerte vaivén y dijo – “deben haber volado el puente...”  Martina se maldecía por haber cogido este autobús. Fuera seguía lloviznando pero dentro hacía calor y olía mal, pero cada vez que intentaba abrir la ventana, una mano la cerraba con fuerza. Intentó dormir pero no podía. No tenía idea de la hora en que llegaría a Cuzco ni dónde se alojaría. Todos sus planes se habían visto trastocados por la huelga.

Otro alto en el camino. Martina escuchó voces y fuertes pisadas. Limpió un círculo en la ventana y pudo vislumbrar las puntas de varios rifles. Al chofer lo obligaron a bajarse, luego las mujeres comenzaron a gritar porque estaban bajando los bultos del techo. Martina volvió a apelar a la compasión de su acompañante pero éste la miró inquieto y no dijo nada. Buscó con la mirada al otro joven turista y este le dijo - “Manténte quieta y que no se fijen en ti”. Martina tragó saliva. ¿Qué significaba eso? Su vecino le susurró - “anoche asaltaron a otro autobús y violaron a una turista”. Martina vio como su sueño se estaba convirtiendo en su peor pesadilla.

Martina comenzó a sudar de pavor y se hundió en el asiento por si esos hombres subían al autobús. Amparada por su poncho, se sacó el dinero del cinturón y comenzó a distribuirlo. Puso un poco en un lado de la mochila, otro poco en sus calcetines y otro poco debajo del asiento. Dudó si esconder su pasaporte. Si la sacaban del autobús y la dejaban tirada en la carretera nadie jamás la encontraría porque seguro que le arrebatarían el pasaporte. Lo escondió en el forro del asiento delantero que estaba medio roto. Si desaparecía, alguien encontraría el pasaporte tarde o temprano y avisarían a su embajada...

Ninguno de los hombres subió, el chofer volvió al autobús y les dijo algo a los pasajeros en su lengua. Hubo alaridos y quejas pero nadie se movió de su sitio. Martina supuso que les habían quitado algunas de sus pertenencias pero era evidente que nada era más importante que su vida.

Tras unos minutos eternos el autobús por fin reanudó su marcha. Martina se durmió, agotada de la tensión y cuando despertó amanecía. Ya se veían casitas y entraban en una ciudad. Al pasar un letrero sonrió aliviada, la señal indicaba un desvío para Machu Picchu y anunciaba la entrada en Cuzco. Por fin había llegado sana y salva para cumplir su sueño.  


Silvia Cuevas-Morales

sábado, 22 de marzo de 2014

EROTIZHADAS - NUEVA ANTOLOGÍA DE POESÍA ERÓTICA


Hola querid@ visitante, hoy traigo uno de los poemas que forman parte de una nueva antología de poesía erótica escrita por mujeres poetas que viven en el Estado español y que ya está dando mucho de que hablar. La antología se titula ErotizHADAS y ha sido editada por Amelia Díaz Benlliure, de Unaria Ediciones. 

Recientemente se presentó en Barcelona y este lunes 24 de marzo se presentará en Madrid. Dejo un "book-trailer" con los nombres y fotos de todas las participantes y los datos del evento a continuación del poema. Ya iré subiendo más información sobre las próximas presentaciones en el mes de abril. Gracias por tu visita.




Anoche nos amamos



Eran tus labios prohibidos

Era mi lengua atrevida

Eran mis senos ansiosos

Eran tus dientes rapaces

Era tu vientre cálido

Era mi mejilla en tu regazo

Eran mis muslos firmes

Eran tus manos suaves

Era tu sexo ardiente

Era mi boca ávida

Era mi grito desesperado

Era tu orgasmo liberado



En diferentes lechos

A miles de kilómetros

Anoche...

nos amamos


Silvia Cuevas-Morales

Y para que conozcas a las autoras:



La cita para este lunes 24 de marzo:

jueves, 20 de febrero de 2014

PALABRAS

Querid@ visitante.. hace muchos días que no actualizo mi blog pero hoy he decidido subir algo nuevo. Aquí dejo un poema e intentaré actualizarlo con más frecuencia. Si pinchas en la pestañita de "vídeos/poesía" también encontrarás un nuevo vídeo. 
Gracias por tu visita.


Palabras

Como agujas que pinchan
Navajas que sangran
Espinas que arañan
Dedos que hurgan
Taladros que perforan
Incendios que asfixian
Sogas que estrangulan
Ponzoña que envenena
Látigos que flagelan
Pesos que hunden
Tornados que vapulean

Silvia Cuevas-Morales

sábado, 2 de noviembre de 2013

LA FAMILIA


Este próximo martes 5 de noviembre, se presentará en Madrid el libro colectivo de relatos, COSECHA DE VERANO, editado por Unaria Ediciones, 2013. Tod@s l@s autores hemos cedido nuestros derechos y por cada copia vendida, se donarán 2€ a la ONG Agua Pura, que ayuda a construir pozos de agua en Kenia. Comparto mi relato para quienes no puedan comprarlo o asistir a la presentación.

La familia

Paula se aguantó la rabia y salió al jardín a fumar un pitillo para calmarse. Se sentía profundamente cansada tras un largo viaje de emergencia a su país natal. Tras muchas horas de avión llegó a lo que había sido su hogar durante largos años, para reencontrarse con sus antiguas amistades y su familia... o lo que quedaba de ella.

Su hermano fue quien la recibió en el aeropuerto, con un abrazo contenido de que rápidamente se deshizo. Nunca había sido muy cariñoso con ella y se habían ido distanciando más desde que Paula abandonara su país. Jamás lo comprendería pero Paula ya había aceptado que su familia la castigara por haber dejado el hogar, aunque en parte lo había hecho por el bien de ellos. Por lo menos se ahorraban los chismes y las preguntas de “¿..y cómo está tu hijita? Cuando en el fondo quienes preguntaban no les interesaba saber cómo estaba sino si seguía siendo igual que antes. En su país ser diferente era muy difícil y Paula no soportaba tener que seguir ocultando quien era, ni con sus parientes ni con sus compañeros de universidad.

La familia había hecho todo lo posible para “enderezar” su camino, desde terapias para tratar un supuesto “trastorno psicológico”, hasta pruebas físicas para controlar su supuesto desequilibrio hormonal. Había pasado mucho tiempo de eso y Paula ahora podía incluso esbozar una sonrisa cuando pensaba en esas estúpidas sesiones con un psicoterapeuta que parecía más interesado en averiguar los detalles de sus primeros escarceos sexuales que en modificar su conducta.

“Jamás comprenderán que yo no sufro de ningún trastorno, son ellos los que se mueren de miedo...”, pensó Paula. De joven casi llegaron a convencerla de que estaba enferma y cuando sus padres descubrieron la relación que mantenía con Marisol, la sacaron rápidamente de la escuela y la matricularon en un internado de monjas. Lo que no había podido hacer la ciencia tal vez lo pudiera hacer la religión. A pesar de las estrictas reglas del internado, Paula se sintió un poco más aliviada al no tener que enfrentarse  a sus padres ni a su hermano todos los días. Por lo menos vivía rodeada de mujeres...

Cuando terminó los estudios secundarios, su madre perdió la vida de manera trágica en un accidente. Paula ya había decidido abandonar el hogar familiar pero tras la muerte de su madre decidió aplazar su decisión. No podía abandonar a su padre y hermano bajo esas circunstancias, sin embargo su padre la animó a seguir una carrera universitaria. “Por lo menos sé alguien en la vida”, le dijo. Entró en la universidad y allí conoció a Pedro, un compañero de la facultad. Pedro era un chico amable y risueño que la cortejó durante meses hasta que Paula cedió. Sabía que no lo quería pero él era muy tierno y tras un año de noviazgo aceptó su propuesta de matrimonio. Por lo menos de esta manera saldría de su hogar y su padre y hermano la dejarían en paz. Tuvo una hija, pero como era previsible el matrimonio duró poco tiempo. Aunque su padre se enfadó mucho la siguió apoyando económicamente durante un tiempo gracias a su hijita.

Pero la vida da mil vueltas y un día, mientras caminaba por el parque, se dio de bruces con su antiguo amor. Marisol se detuvo en seco al ver a su amiga, y sin mediar palabra ambas se fundieron en un profundo abrazo. Todas las sensaciones y emociones que habían sentido de niñas reaparecieron con la fuerza de un río desbordante. Ya no eran dos niñas, sino dos mujeres adultas, y sin importarles las miradas de los transeúntes sus labios se buscaron ansiosos mientras sus manos se acariciaban mutuamente.

Tras ese encuentro siguieron viéndose con frecuencia hasta que tomaron la decisión de abandonar su país y planificaron el viaje juntas. Los padres de ambas intentaron separarlas nuevamente, incluso se reunieron las dos familias para ver qué podían hacer con esas ovejas descarriadas. Nada sirvió. Paula y Marisol planificaron su viaje meticulosamente y con todo lo que tenían ahorrado, además de vender sus escasas posesiones, compraron tres billetes de avión para viajar rumbo España.

En España no les resultó fácil, ya que a los tres meses de su llegada les caducó el visado de turista, pero igual se quedaron y comenzaron el triste periplo de las personas indocumentadas. Como tantos y tantas tuvieron que vivir hacinadas en un pequeño piso, que en invierno las obligaba a andar arropadas con todo lo que tenían y donde durante el verano sufrían de un calor insoportable. Ambas trabajaban por una miseria y salían poco para ahorrar al máximo y poder alquilar una vivienda digna. Tampoco se atrevían a participar en manifestaciones cuyas causas apoyaban por el miedo a los controles. Sin embargo, a pesar de todo, por primera vez estaban felices, estaban juntas. Formaban una verdadera familia.

Con el paso de los años fueron superando los inconvenientes administrativos y ambas lograron regularizar su situación gracias a la solidaridad de una nueva familia de personas afines que fueron encontrando en su camino. El padre de Paula se negaba a contestar el teléfono cuando ella lo llamaba y las únicas noticias que le llegaban, provenían de su hermano que de vez en cuando le escribía algún mensaje electrónico. Paula no se dio por vencida e insistió, y con el paso de los años su padre le volvió a dirigir la palabra e incluso viajó hasta España. Rechazó la invitación de alojarse en su piso y dejó muy claro desde el principio que la razón primordial era ver a su nieta.

Esta visita de regreso era diferente, acababa de fallecer su padre y Paula quería estar con su hermano para brindarle su apoyo. Aceptó la oferta de alojarse en su casa, junto a sus hijos y esposa, pero el primer día ya se dio cuenta de que había sido un terrible error, el hermano no necesita su apoyo en lo más mínimo. Aunque intentaba mostrarse amable, se notaba incómodo en su presencia. El teléfono no dejaba de sonar y a cada rato llamaban a la puerta para entregar adornos florales. Paula se acercó a una mesa que estaba llena de flores y tarjetas de condolencia, las leyó una por una. Le dolió ver que todas las tarjetas, salvo una, ni siquiera la mencionaban a ella. Todos los pésames iban dirigidos a su hermano, su esposa y sus hijos, como si ella no hubiese sido hija también, y su padre no hubiese sido el abuelo de su propia hija. Dejó la última tarjeta en la mesa y no dijo nada.

Cuando aún estaba en España y había recibido la llamada con la noticia, Paula se había sentado a escribir algo para leer en el funeral, pero su hermano había leído el texto descartándolo de inmediato. Ahora éste le pedía que se acercara a su mesa de trabajo, donde estaba intentando escribir la elegía para el funeral. Paula leyó el escrito y le sorprendió ver su nombre. Mencionaba que ella había viajado a España para continuar sus estudios universitarios. El siguiente párrafo hablaba de como la nuera se había convertido en una hija para su padre... Ninguna mención de Marisol, ni de su nieta, ni de la verdadera razón por la que se habían marchado. Dudó en decir algo y lo dejó pasar, pero esa noche no logró conciliar el sueño y al día siguiente se enfrentó a su hermano de la forma más tranquila posible. “Es mejor que quites ese párrafo acerca de mí, no es verdad.” Su hermano intentó ocultar el enfado pero lo borró con un fuerte golpe en el teclado.

El día del funeral fue triste como cabía esperar pero Paula se sintió reconfortada con el saludo cariñoso de algunos de los asistentes. Muchos de ellos incluso preguntaron por Marisol y por su hija. Era evidente que casi todo el mundo conocía su relación y no parecía importarles, o por lo menos disimulaban su homofobia en pro de la buena educación.

La estancia le resultó muy dura, los roces con su hermano fueron continuos, pero por fortuna aún mantenía algunas amigas que la apoyaron incondicionalmente. Todas se quedaron con la boca abierta cuando Paula les comentó que habían ido a la lectura del testamento y que su padre ni siquiera la mencionaba en él, dejando todo en manos de su hermano y sus hijos. A Paula no le sorprendió no recibir nada, era consciente de que ella se había ido del país y su hermano se había ocupado de su padre. Aunque siempre había vuelto cuando había sido necesario, pero eso no tenía ningún valor, ellos no sabían lo que le costaba viajar. No sabían que muchas veces tenía que privarse de muchas cosas para llegar a fin de mes, que no tenía trabajo fijo, y en demasiadas ocasiones ni siquiera le pagaban sus horas como empleada doméstica. Algo que le sucedió más de una vez cuando se encontraba sin papeles... A lo largo de los años había vuelto más de una vez, pero su hermano, al salir del abogado que dio lectura al testamento, tuvo la desfachatez y poca sensibilidad de decirle: “Lo siento por mi esposa. No la menciona cuando siempre estuvo ahí...”

Lo que más le dolía a Paula era que su padre la hubiera borrado del mapa, y además, cuando fueron a su piso para buscar algunos documentos, encontró algunas de sus cartas hecha añicos. No comprendía el odio de su padre ni el rechazo y mezquindad de su hermano. Tan sólo al entrar en el piso éste le preguntó si quería algo de allí. Paula señaló un adorno que siempre había identificado con su padre. Además siempre lo había dicho en broma cuando su padre aún vivía. “Lo único que quiero cuando te mueras es esto”. Su padre se había reído en más de una ocasión. Ahora su hermano le decía que no, que él siempre había querido eso. Paula lo dejó pasar y se dedicó a vaciar la nevera y las cosas perecibles que se encontraban en la cocina, mientras él se ocupaba de la habitación y de las cosas íntimas del padre. Cuando ya casi habían acabado, el hermano salió con una caja con cosas para tirar a la basura y le preguntó si le interesaba algo. Paula cogió un pequeño marco hecho en Toledo con su fotografía y se tragó las lágrimas.

Al volver a casa esa noche Paula se sentía agotada pero un enorme ramo de flores la esperaba. Su amada Marisol. Paula reprimió la emoción y las ganas de llamar a su compañera enseguida pero no se atrevió a pedir si podía usar el teléfono. Colocó las flores en un jarrón y al ver que la mesa con las flores de la sala estaba llena, las puso en otra salita. Se fue a dormir agotada pero antes le escribió un largo mensaje a su amada. Al día siguiente otro golpe. El jarrón había desaparecido porque aparentemente el aroma que emanaba de las flores molestaban a su cuñada que sufría de alergias diversas. Paula sintió la indignación más profunda pero calló.

Fueron días horribles y Paula se juró que jamás regresaría allí. Había ido para apoyar a su hermano pero él le había dejado bien claro que él “se apoyaba en su familia”. Estaba claro que esa familia no la incluía a ella. Hizo las maletas y por fin llegó el día de volver a España, donde la esperaban Marisol y su hija, y todas esas amistades que conformaban esa otra familia que realmente la apoyaba y quería. Su verdadera familia.

Silvia Cuevas-Morales, de la antologia Cosecha de verano. Castellón, Unaria Ediciones, 2013.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

A 40 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE


Hola amig@ que visitas mi blog, hoy 11 de septiembre de 2013, como no podía ser de otra forma, dedico mi entrada al pueblo chileno que durante cuarenta años ha estado luchando. Aquí dejo un poema y al final un vídeo que compuse hace tiempo en honor al compañero Salvador Allende, siempre presente.

 Bombardeo a la Moneda - Cristian Faundes

A 40 años del Golpe



Cómo olvidar el dolor

de los que se quedaron

de los que se fueron

los que desterraron

los que jamás volvieron

los miles que desaparecieron



Cómo silenciar

el estruendo de los tanques

el silbido de las balas

los gritos de terror

los llantos de angustia

que truncaron mi infancia



Cómo superar

la sensación de desamparo

el miedo cotidiano

que se agudizaba

cuando la noche llegaba

con sus ráfagas de disparos



Cómo borrar de mi memoria

la impotencia

la rabia de mi padre

el desgarro

el nerviosismo exacerbado

las lágrimas de mi pobre madre



Cómo anular las imágenes

de aceras ensangrentadas

de libros que ardían en hogueras

de hombres uniformados

que corrían tras sus hermanos

para abatirlos y luego abandonarlos

en cualquier cuneta



Cómo cerrar esta herida

que de vez en cuando se abre

y sangra lágrimas por mis venas

Cómo cerrar ese capítulo

que cuarenta años más tarde

aún sigue golpeándome con fuerza...

Silvia Cuevas-Morales


domingo, 4 de agosto de 2013

NOVEDADES LITERARIAS


Hola amig@, hace días que tengo mi blog un poco abandonado así que hoy comparto varias novedades. Hace pocos días se acaban de publicar tres antologías en las que tengo el honor de participar. Más adelante iré anunciando sus respectivas presentaciones pero antes un adelanto de los tres libros.




El primer libro que quiero mencionar, es Cosecha de verano, editado por Amelia Díaz Benlluire de Unaria Ediciones y que consiste en una selección de relatos cortos escritos por divers@s autor@s de España. 

Además se trata de un libro solidario en el que por cada libro se donarán dos euros a la ONG Agua Pura. 

En esta ocasión he presentado un relato titulado “La Familia”. Una crítica a las familias tradicionales que con demasiada frecuencia excluyen a aquellos miembros que han decidido vivir su vida de manera alternativa...



No te quedes sin tu ejemplar. Para más información pincha en este enlace: http://unariaediciones.com/





La otra novedad es la publicación de la Antología de Mujeres en la Historia, editado por Lucía Del Mar Pérez para M.A.R. Editor.

Relatos sobre mujeres, escritos por mujeres; la visión de una nueva generación de autoras que entran con fuerza en el panorama literario, unido a la visión de escritoras clásicas. 

En Mujeres en la historia, M.A.R. Editor reúne las experiencias de protagonistas de la historia, algunas famosas, otras desconocidas, que vivieron el cambio político, económico y social producido desde la Revolución Francesa hasta el comienzo de la segunda Guerra Mundial.



Entre los relatos podrás encontrar a mujeres tan destacadas como Manuela Malasaña, George Sand, Mary Cassatt, Camille Claudel, María Blanchard, Frida Kahlo, Marie Curie, Clara Campoamor y Beatrice Shilling, entre otras.




 Para más información pincha en este enlace:  http://www.edicionesirreverenteslibreria.com/

Y por último, también tengo el placer de participar en esta nueva antología bilingüe, “Antologia por la Paz de Mundo”, editada por Lucina Medina De Barry y publicada en Australia por la editorial Five Senses Education Australia. 

 
Una colección de poemas del Movimiento al que pertenezco, Poetas del Mundo, dedicados a la Paz del Universo. Para más información: http://www.fivesenseseducation.com.au

jueves, 4 de julio de 2013

EL ASILO

Hace un par de días se comentaba la noticia de que China iba a obligar por ley a prestar atención a los padres y madres ancianos. A mí no me pareció una mala idea y recordé este cuento que escribí hace muchísimos años... creo que tenía unos diecisiete o  dieciocho años.



El asilo

Al entrar sentí un frío intenso, las paredes emitían un olor agrio de humedad y abandono. Paredes viejas, cansadas de ver decrepitud y soledad; era un hogar de ancianos pobres en un rincón antiguo de una ciudad latinoamericana.

Cuando  abrí la puerta  me saludó un largo pasillo de baldosas grises. Comencé a caminar con paso tembloroso, con miedo de abrir la gran puerta de madera que se extendía enfrente de mis ojos adolescentes. Miedo de ver a aquellos ancianos que sólo parecían esperar a que llegara su hora. Me aterraba la idea, el sólo pensamiento que yo también llegaría a ser como ellos, sola, sin ningún familiar alrededor mío.

Abrí la puerta lentamente y me encontré dentro de una habitación. Ante mi vista se extendían dos largas hileras de camas blancas y muchas ancianas. Algunas me miraron con asombro, otras con una sonrisa arrugada; otras ni se percataron de mi presencia; ausentes, con los ojos fijos quién sabe en qué lugar.

Repentinamente sentí que una viejecita me llamaba y me invitaba a conversar con ella. Me acerqué tímidamente y me guió hacia un pequeño jardín al final de la sala. No sabía que decir bajo su mirada. Ella seguía mis movimientos con unos ojos pequeñitos y húmedos que se hundían en su piel rugosa, una piel que seguramente años atrás era suave y tersa.

Después de unos minutos se levantó del asiento y entró en la habitación. A los pocos minutos volvió con una pequeña bolsita de crochet. Se sentó con dificultad y extrajo un sobre que me extendió con manos temblorosas. Abrí el sobre y saqué una fotografía amarillenta. La anciana, con los ojos húmedos y brillantes observó la fotografía. Después, con una mano áspera y temblorosa, me señaló a la joven que salía en el retrato y habló con una voz baja y gentil:

"Esta era yo muchos años atrás, cuando tenía tu edad, cuando tenía sueños, amigos, familia. Todo. Lo tenía todo y ahora no tengo nada, sólo recuerdos y fotografías descoloridas..." No supe qué decir, sólo atiné a tomarle la mano y la miré a los ojos; aquellas pupilas fatigadas que me miraban con tristeza y con sabiduría.

Se acercaba el mediodía y más ancianas desfilaron enfrente de nosotras de camino al comedor. Algunas caminaban apoyándose en bastones o muletas, otras permanecían inmóviles en sus camas, mudas, con la mirada perdida en los recuerdos. Otras caminaban lentamente arrastrando los pies, pasos cansados de tanto andar por la vida. Nadie hablaba; una anciana alta tosía ronca y brevemente al compás de cada paso.

La anciana de la fotografía se levantó con su cuerpo encorvado, como si le pesaran los años que la habían ido dejando atrás. Me miró tiernamente y sonrió acentuando más sus notorias arrugas. Hasta luego me dijo,  pero antes de que me vaya, un consejo:
"Cásate y ten muchos hijos y nietos, para que no termines sola abandonada en uno de estos lugares.." Dejando la foto en mis manos se alejó de mí lentamente. Tomé la fotografía y la guardé furtivamente en mi bolso, me levanté del asiento y salí de aquel lugar como si llevara un gran tesoro. Adiós abuelita, pensé para mis adentros, sintiendo un gran peso de culpabilidad por haberla abandonado a su suerte en tan triste hogar.

Publicado por primera vez en el periódico “El Español en Australia”, 1994.
Pintura de John Lautermilch

martes, 21 de mayo de 2013

EL SECRETO

Hola amig@ visitante. Aunque normalmente comparto poesía hoy he decidido compartir un relato breve. Con la muerte del dictador argentino Jorge Rafael Videla, recordé este texto que espero que disfrutes. Gracias por tu visita.


EL SECRETO



Otra vez aeropuertos, controles, ojos escudriñadores que me enjuician de pies a cabeza. Con mis maletas cargadas de recuerdos desembarco en Barajas en busca de una nueva vida. Atrás quedó mi segundo hogar, aquel gélido país que me tendió una mano en tiempos difíciles pero al que jamás me acostumbré. Durante años intenté adaptarme a mi nueva cultura, cambié de lengua y profesión y me convertí en otra persona en un vano intento para olvidarme de mi pasado.

Ansiosa por recomenzar mi vida, en un país en el que por lo menos se hablara mi lengua, tras largos años de espera y de pesadillas burocráticas, conseguí un permiso temporal para vivir en España. La madre patria abría sus brazos con desconfianza a esta exiliada de un país nórdico, cuyos rasgos no encajaban con el estereotipo de la nacionalidad que afirmaba su pasaporte. Tras un espera de unos angustiosos minutos el agente por fin selló mi pasaporte y, sin despedirse siquiera, llamó a la siguiente persona en la fila. Recogí mis documentos y me dirigí a recoger mis pertenencias.

Durante años paseé mi soledad por las aseadas avenidas de aquel país nórdico, intentado perderme en el anonimato. Intentando en vano borrar todos aquellos recuerdos y a aquellos compatriotas que con crueldad me habían arrebatado a mi compañero Pablo. 

En nuestra juventud, Pablo y yo habíamos militado en una agrupación de jóvenes revolucionarios. Nos creíamos capaces de cambiar nuestro país y el mundo entero. Eran los años setenta y nuestra juventud nos llenaba de fuerza, movidos por la esperanza y la ilusión. El sueño de llegar al poder y cambiar las injusticias por fin se hacía realidad de acuerdo a las pautas democráticas de libre elección. Creíamos haber vencido a ese monstruo que exprimía a nuestro pueblo hasta dejarnos en los huesos; creíamos que por fin seríamos libres de toda explotación. Pero demasiado pronto nos despertaron bruscamente de nuestro sueño y junto a miles presenciamos atónitos como los tanques arrasaban el Palacio Presidencial. Luego comenzaron a desaparecer nuestros compañeros, comenzaron las hogueras para borrar cualquier rastro de literatura considerada “peligrosa”, los allanamientos, los tiros en la oscuridad de la noche, los charcos sangrientos en las aceras al salir de casa.



Pablo fue detenido y se rumoreó que alguien había revelado su escondrijo. Temiendo por mi vida, logré escapar a un país vecino y más tarde conseguí exiliarme en Europa.



Recojo mis maletas y nerviosa salgo al exterior. Un ex compañero de nuestra antigua agrupación me ha ofrecido alojamiento hasta que pueda instalarme por mi cuenta si así lo deseo. Impaciente busco su rostro entre las personas que se amontonan ilusionadas por abrazar a sus seres queridos. No reconozco ningún rostro y me pregunto si habrá cambiado demasiado, como yo. Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos cara a cara. Me alejo un poco del gentío y me dispongo a esperar.



¡Negra! Alguien me sonríe y me abraza con fuerza. Es Tito, Tito, el del cabello largo y la barba espesa. Tito, que ahora no lleva ni barba y casi no le queda pelo en la cabeza. Nos abrazamos emocionados, un abrazo fraternal tras unos treinta años de ausencia. Me ayuda con el equipaje y nos dirigimos hacia su coche.



Yo lo miro incrédula. Tito, el que no dio señales de vida durante mucho tiempo. Ni siquiera sabíamos si estaba vivo o muerto. Como le sucedió a tantos compañeros y compañeras, simplemente se esfumaron un día y jamás pudimos cerrar la herida y despedirnos en un entierro. Tras años de no saber nada, alguien lo localizó, se había exiliado en Bélgica y luego en España. Un amigo en común nos puso en contacto y durante un tiempo nos escribimos muchas cartas, nos enviamos cintas, pero jamás fotos. Yo jamás quise que él viera el fantasma de lo que una vez fui. En la distancia se convirtió en mi único amigo y aunque nunca lo dijimos alto y claro, de cierta forma fuimos más que camaradas.



Fue Tito quien me impulsó a seguir los trámites diciéndome que en España estaríamos mucho mejor, que tal vez podríamos comenzar una nueva vida. Ese día por fin ha llegado y son sus brazos fuertes los que me rodean y me hacen sentir una energía que desde hace años había considerado muerta.



Tras una hora de viaje llegamos a su apartamento. Un piso pequeño, un quinto sin ascensor. Me muestra la habitación, el baño, la pequeña cocina que forma parte del salón. Los afiches en la pared se asemejan a los de tantos exiliados: la omnipresente fotografía del poeta, aquella cantante con melena que difundió nuestra música por todo el mundo, y la eterna guitarra en un rincón del salón. En mi otra patria algunos amigos se reían y me preguntan si en mi país todos escribían poesía y tocaban la guitarra.



Comienza a llover y desde la pequeña ventana se vislumbran tejados y antenas y buhardillas con ojos diminutos. Tito me pasa unas toallas y se disculpa por no tener bañera. Me siento un poco fatigada y una ducha es lo que más me apetece para quitarme el cansancio. Tito me dice que puedo dejar mis cosas en su habitación, que él dormirá en el sofá.



Tras la ducha me siento reconfortada y una vez vestida me acerco al sofá donde está Tito con una botella de vino. Charlamos durante una eternidad, hasta que con ternura Tito me acaricia la cara y me besa. Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que estuve con un hombre, pero respondo a su beso y lo dejó guiarme hasta su habitación. Tanto pasado compartido, tantos años de comunicarnos sin poder vernos ni tocarnos. En la cama nos besamos y me siento invadida por las sensaciones que me trasmiten sus manos, su piel, su aroma. Hacemos el amor durante horas, sin prisa, sin miedo, como dos antiguos amantes que se vuelven a encontrar ya en edad madura. El cansancio nos invade y juntos nos dormimos con nuestros cuerpos enlazados. 

Los primeros rayos de sol me despiertan y me sorprendo al encontrar a Tito despierto, mirándome con ojos llorosos. Ante mi mirada interrogante rompe a llorar mientras me abraza y sus lágrimas se deslizan hasta caer en mi pecho desnudo. Le pregunto qué le pasa, por qué llora. Él me mira como si estuviera avergonzado, no sabe cómo empezar, pero tiene que decirme algo. Tiene que confesarme algo ya que no puede seguir ocultando ese terrible secreto que le ha impedido continuar con su vida desde hace tanto tiempo. Sus palabras entrecortadas me hacen temblar de miedo, todo el piso se derrumba a mi alrededor y mis músculos se contraen de tensión y pavor. ¿Qué te pasa? ¿Qué es lo que tienes que decirme? Con voz temblorosa y entre sollozos me dice: “Pablo... Pablo..., fui yo quien lo delató...”